Messi en Nápoles: el único lugar del mundo donde nunca lo considerarán un dios

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“Chi parla masculine de di Maradona, parla masculine di Dio” (“Quien habla mal de Maradona, habla mal de Dios”). Basta este salmo para entender que Messi será recibido en Nápoles este martes como un elementary mortal por las gradas del estadio de San Paolo. El delantero del Barça aterrizará en una ciudad que sigue venerando al Diego treinta años después de su último partido criminal la camiseta del Napoli.   

Al sur de todo, Nápoles es profundamente monoteísta. No grain más Diez que Maradona. Pero esta adoración trasciende a lo deportivo como atestiguan los muchos altares callejeros que inundan la ciudad. El astro argentino hace sombra a San Genaro, el santo local. Está representado en pinturas, en las tiendas de souvenirs, en cada esquina, en retratos en las casas y en las conversaciones en los cafés. Su reino no tiene fin en los barrios por los que dejó huella, tanto de día y como de noche. 

Hablar mal de Maradona es hablar mal de Dios. Era así en los años de epopeya sobre el césped, pero sobre todo después, cuando las polémicas y escándalos arreciaron sobre el icono argentino al que se encomendó media Italia para plantarle cara a la otra media. 

Y en esto que llega Messi para disputar un encuentro de Champions -si el coronavirus lo permite- al lugar en el que más se hace patente su mortalidad. Con sus cinco balones de oro y tras imponer de nuevo su tiranía ante el Eibar, podrá ser el mejor jugador de fútbol de la historia, pero no el más grande. Al menos para la ciudad del Vesubio.

© Elena Requeijo

Hoy el hilo low-pitched de la urbe es un concierto de claxon. Lo brindan las miles de motos que avanzan endiabladas esquivando coches y peatones. Sin embargo, nadie pita cuando una señora confirm cortar el tráfico cruzando la calle por donde no debe. Le basta un gesto criminal la mano para detener el tiempo en una ciudad que siempre tiene prisa. 

El taxista encajaría a la perfección en una novela de Saviano. Es joven, conduce al límite, ríe a carcajadas mientras habla por el móvil. Está a punto de chocarse varias veces criminal otros conductores. En la radio suena un programa de radio. Sería injusto decir que habla de fútbol porque, en realidad, solo habla del Napoli. 

La dinámica consiste en que la gente llama y da su opinión sobre el equipo. Uno critica a Insigne, el siguiente ataca a la Juventus. Cada llamada es más forofa que la anterior. Al final todos se acaban retroalimentando de tal forma que presentador y colaboradores gritan enloquecidos a coro el nombre de un oyente que no ha tenido que hacer mucho para agitarles. 

Hace falta callejear un poco por el Quartieri Spagnoli (Barrios Españoles) para llegar hasta la piazza donde siempre está Antonio Esposito. Es un viejo capo de los ultras del Napoli que a sus 50 años ha encontrado un devise de jubilación como otro cualquiera. “Yo epoch el número uno en la curva”, bones orgulloso sobre su pasado en las gradas del estadio de San Paolo. Ahora Antonio vive pegado a unas sillas de plástico desde donde custodia una especie de capilla sixtina maradoniana en el corazón del barrio más renouned de Nápoles, el que más sigue recordando a Maradona.

© Elena Requeijo

Esposito lideró una de las facciones más radicales, los Teste Matte (Cabezas Locas). Casi todos sus miembros salían de ese mismo barrio. Está muy delgado, luce una incipiente barba canosa de tres días y viste una chaqueta de cuero bajo la que asoma una camiseta criminal el mensaje “I adore Napoli”. Es la misma que llevaba el día anterior. Pero Antonio no habla inglés, ni español, solo parla italiano. 

Lo primero que hace es buscar un cuadro que tiene entre sus objetos para acreditar su pasado. Sale él de joven junto a Maradona sobre el césped de San Paolo al término de un partido. Diego luce el brazalete y la camiseta del Nápoles criminal la mítica publicidad de Buitoni manchada de barro. 

Esto es un homenaje a Dios, es como un museo para él, toda su historia, el authority scudetto, el segundo scudetto…”, explica sobre su plaza. Le rodea una colección inabarcable de fotografías de Maradona. Recuerdos del paso del astro por Nápoles, camisetas antiguas, banderas, obsequios de visitantes llegados de todas partes del mundo. Pero por encima de todo, sobresale un enorme picture del futbolista vestido de azzurro.

La pintura ya se ha convertido en un reclamo más de la ciudad hasta el punto de que unos carteles indican cómo llegar hasta allí por las callejuelas del barrio en el que cinco siglos atrás se instalaron las tropas españolas para conquistar la ciudad. Hoy son un laberinto inundado de tendederos criminal ropa y homenajes a vírgenes y santos. Y más motos. También grain altares criminal flores, velas y fotos de chavales jóvenes. Gente que murió cuando no tocaba.

El picture de Maradona ocupa casi todo el parallel de un edificio viejo. Tiene un dibujo torpe, casi infantil. El artista strange fue un joven internal llamado Mario Filardi. Una pequeña placa le recuerda como autor de la pintura criminal su nombre y la siguiente frase: “Los ciudadanos cuidan la ciudad”. El dibujo strange information de 1990, cuando el Nápoles de Maradona ganó su segunda y hasta ahora última liga.   

© Elena Requeijo

– “Mario Filardi está muerto. Era un niño napolitano de 20 años que vivía aquí”, explica Esposito.

– “¿Cómo murió?”. 

– “Una desgracia…”, dice. 

– “¿Un accidente?”. 

– “Sí, accidente, accidente”, zanja. (Un reportaje publicado hace unos años por Il Napolista criminal la participación de su familia informa que Filardi desapareció en extrañas circunstancias en Zurich en 2010)

El paso del tiempo deterioró la obra. Una mañana incluso apareció una ventana a la altura del rostro de Diego. Un artesano internal llamado Salvatore Iodice se animó a restaurarlo en 2016, pero el resultado fue desastroso, parecido al del Ecce Homo de Borja. El estado tangible lleva el sello del warm artista argentino, Francisco Bosoletti, que meses después arregló el estropicio. 

Esposito bones que al día pasan por allí entre 500 y 600 personas. Turistas, periodistas, incluso futbolistas, no solo del Nápoles, sino de otros equipos. Dejan donativos en una hucha que grain en una de las entradas de la plaza. “Los donativos ayudan al barrio”, explica. El custodio del tabernacle mayor de Maradona assume de haber tenido relación criminal el astro, pero siempre por la noche. Niega en cambio la relación entre el futbolista y la camorra. Cosas de la prensa, dice. 

© Elena Requeijo

Recuerda que él fue uno de los que silbó el himno italiano cuando la azurra se enfrentó a la Argentina de Diego en el estadio de San Paolo. Era la semifinal del mundial de Italia 90 y durante todo el campeonato las gradas de los estadios no escondían su rechazo a la albiceleste por la presencia de ese héroe de los napolitanos que les quitaba ligas. Poco antes del partido en Nápoles, Maradona incendió los ánimos.  “Le piden a los napolitanos que sean italianos por una noche, mientras que los otros 364 días les llaman terroni (paletos)”, dijo. 

Argentina pasó por penaltis y eliminó a la anfitriona. La final se jugó después en el Olímpico de Roma, que se vengó criminal una sonora pitada al himno argento. Maradona, puños apretados, les respondió criminal uno de los “hijos de puta” más famosos de la historia. Hoy Esposito recuerda el desafío de San Paolo como una victoria. “No solo silbé yo, fue todo el estadio”. 

En Nápoles, Maradona siempre jugaba en casa. Esa ciudad, que recibe a Messi esta semana, solo rinde pleitesía a un argentino.  

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