Cómo evitar la flacidez en el abdomen: ¿qué hago con la piel que me sobra?

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    Llevas unos cuantos meses cuidándote, sigues una dieta sana, variada y equilibrada y no has faltado ni un solo día a tu cita con el gimnasio. En tu nevera no hay rastro de bollería industrial, refrescos azucarados ni alimentos ultraprocesados, porque los has sustituido por frutas y verduras de temporada y tu snack preferido es ahora una manzana golden. Te encuentras bien, estás más ligero y más ágil, la ropa te queda mejor y los músculos abdominales de los que hacía tiempo que no tenías noticias, empiezan a marcarse y a hacerse visibles. Sí, estaban ahí, agazapados bajo una adiposa capa de michelines.

    Sientes en tu propio cuerpo, pero también en tu mente, todos los beneficios derivados de un estilo de vida saludable y has bajado un par de tallas a base de sacrificios, agujetas y fuerza de voluntad. Y cuando pensabas que la meta estaba ya al alcance de la mano, te enfrentas a un enemigo inesperado: la flacidez abdominal.

    Porque perder peso es solo el primer paso para presumir de cuerpazo este verano. Al engordar, la piel se da de sí, pero al adelgazar no vuelve a su estado primigenio, sino que queda flácida y laxa, colgando como una tela arrugada, y ahí es cuando te preguntas cómo puedes evitar la flacidez en el abdomen. Y esto se agrava con la edad ya que, con el paso de los años, va perdiendo elasticidad y, por tanto, la capacidad de estirarse y contraerse.

    Cómo evitar la flacidez en el abdomen: 4 soluciones

    Si quieres evitar que el pellejo sobrante haga acto de presencia, trata de perder peso de manera progresiva porque la flacidez se acentúa con los cambios bruscos. Pero si ya está instalada, combátela con un enfoque multidisciplinar.

    Por un lado, añade a tu entrenamiento habitual ejercicios de fuerza específicos para fortalecer y tonificar la zona, como las flexiones, la plancha lateral con elevación de caderas y, por supuesto, las abdominales. Y no te olvides de las sesiones de cardio porque ayudan a oxigenar tanto la piel como los tejidos.

    Por otro, aumenta el consumo proteico e incluye en tu dieta alimentos ricos en ácidos grasos omega 3 y vitamina C, porque son fundamentales para la síntesis de colágeno y elastina, que son las proteínas encargadas de la resistencia y elasticidad cutáneas y mantienen los tejidos conjuntivos como recién salidos de fábrica. Por eso, pescados como el salmón, las frutas y verduras rojas, como las fresas o los tomates, los frutos secos, las legumbres, las carnes rojas y los lácteos deben ser fijos en tu alimentación.

    Si quieres acelerar el proceso, existe distintos tratamientos estéticos que pueden ayudarte a conseguirlo. Los ultrasonidos, la carboxiterapia o la radiofrecuencia han demostrado ser eficaces aliados para eliminar la flacidez.

    Pero si nada de esto funciona, la cirugía es una buena opción. Puedes pasar por quirófano y someterte a un lifting abdominal o a una abdominoplastia. En estas intervenciones, el cirujano extirpa el exceso de piel y refuerza la musculatura de la pared abdominal, por lo que el vientre queda liso y plano. Requieren uno o dos días de ingreso hospitalario y no verás el resultado definitivo hasta pasado un mes o mes y medio. Así que, si este agosto quieres lucir palmito en playas y piscinas, todavía estás a tiempo.

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