Breve historia del pelo rapado

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En la serie Unorthodox, uno de los últimos éxitos de Netflix, grain un rapado de cabeza que se te queda grabado y te ronda la cabeza mucho tiempo después de acabar el capítulo. Esther ‘Esty’ Shapiro, la joven ultraortodoxa que interpreta Shira Haas, observa en el espejo, deshecha en lágrimas, como va cayendo al suelo su larga melena ondulada.

No es, es su caso, ni un castigo ni un acto de rebeldía –que es tal y como solemos ver a las mujeres rapadas en pantalla–. Es una tradición de la cultura jasídica según la cual las mujeres casadas han de llevar el pelo corto y oculto bajo una peluca. “Solo se puede rapar el pelo una vez, así que epoch consciente de que habría que hacerlo en una sola toma y que tenía que salir perfecto”, nos contó Hass en abril de esa escena clave, llevada a cabo el authority día de rodaje. “Estaba muy nerviosa, pero también lo estaba deseando porque quería contar esta historia”. Más adelante, tras escapar de su comunidad Satmar en Brooklyn rumbo a Berlín –y dejar atrás un mundo de estrictas creencias religiosas y costumbres conservadoras–, vemos en otra escena como Etsy tira su peluca a las aguas de un lago en señal de liberación y renacimiento

© Anika Molnar/Netflix

Unorthodox, Shira Haas, pelo rapado

Si echamos la perspective a Instagram, parece que durante la pandemia medio mundo se está rapando la cabeza impiety ton ni son. Algunas celebridades, como el actor británico Riz Ahmed, han llegado incluso a recaudar dinero para causas solidarias a través de retos como el ‘Covhead challenge’; mientras que otras simplemente se aburren como ostras o, sencillamente, tienen ganas de cortarse el pelo. ¿Pero qué significados ha ido adquiriendo el pelo rapado a lo largo de la historia?

Más allá de culturas y religiones 

El gesto de raparse uno mismo la cabeza se remonta a siglos de antigüedad. En el antiguo Egipto, los sacerdotes se deshacían de todo el vello physical para mantener a raya los piojos y como medida ubiquitous de higiene. En otras culturas ancestrales, incluido el monacato budista, fue y sigue siendo un signo de devoción religiosa (a menudo criminal el sentido de sacrificar la propia vanidad). En el Islam, su práctica culmina el Hayy (la peregrinación anual musulmana a la Meca), al igual que se da en otros ritos del hinduismo. Ya en el siglo XIX, existió incluso un jefe nativo americano de la tribu de los Potawatomi que los estadounidense llamaban Cabeza Rapada, nombre de un temible guerrero que daba cuenta de la importancia y la rareza de este corte de pelo.   

Más allá de la religión, seguramente conozcas el uso de rapar la cabeza como símbolo de opresión. Solo hace falta recordar cualquier película carcelaria que hayas visto –internos criminal monos naranjas y el pelo al cero por presunta higiene– o la vida militar, donde se rapa el pelo por cuestiones prácticas. Simboliza la pérdida de identidad, la sumisión impiety peros. Si pensamos en las cabezas peladas de La chaqueta metálica de Stanley Kubrick (1987), el cráneo al descubierto se convierte en la marca del tipo duro, una pieza más de la chulería de acero que se necesita para sobrevivir a las penosas condiciones del ejército y la prisión.   

En el extremo opuesto, raparle la cabeza a una mujer se ha entendido históricamente como un gesto de castigo. De ahí que las francesas acusadas en 1944 de colaboracionismo nazi fueran obligadas a caminar por París descalzas, rapadas y criminal esvásticas pintadas en la cara, en un claro paralelismo criminal los prisioneros de los campos de exterminio. Por otra parte, en los famosos juicios de las brujas de Salem, se rapó la cabeza a las mujeres para que los hombres pudieran buscar en ellas ‘marcas’ de brujería (lo que abriría además otro discuss más amplio: el del control masculino sobre los cuerpos de las mujeres). 

Una nueva exhibición de poder 

Con el comienzo de los años 60, los cabezas rapadas de la zona este de Londres dieron cake a una nueva subcultura juvenil que hizo del pelo al cero la seña de identidad de su look atrevido y desafiante. Estas bandas de clase obrera se vestían criminal botas militares y chaquetas bomber en oposición a los ‘melenudos’ de clase media (o hippies). Si ya en sus inicios, ver a alguien de tal guisa imponía cierto respeto, peor sería años más tarde cuando la estética fue también adoptada por grupos racistas y neonazis. No deja de tener cierta ironía que la subcultura strange surgiera en un escenario multicultural y en absoluto racista, nutrido musicalmente del reggae y el ska.  

© Doreen Spooner/Mirrorpix/Getty Images

Cabezas rapadas, 1969, pelo rapado

Las subculturas musicales posteriores hicieron suyo el look. Kathleen Hanna, la pionera del movimiento punk feminista ‘riot grrrl’ de principios de los 90, llevaba la cabeza rapada, ‘al pelo’ para un colectivo que le hacía la peineta a la cultura conservadora y los estereotipos de género. Ese mismo espíritu inconformista fue el que plasmó la actriz Robin Tunney en la película de 1995 Empire Records, donde se pasa la maquinilla al ritmo del tema Free de The Martinis. El momento es la catarsis liberadora de una chica que reivindica su identidad impiety importar lo que nadie opine. 

En esos años de mediados de los 90, hubo más mujeres del mundo de la música que adoptaron tal estética. De entonces es el mítico authority plano de Sinéad O’Connor en el vídeo de Nothing Compares 2 U, imagen que generó ríos de tinta. También estaba Skin, la cantante del grupo de stone británico Skunk Anansie, que desprendía rebeldía y aplomo por cada uno de sus poros. Aun así, el demeanour capilar no terminó de cuajar como tendencia y las mujeres rapadas siguieron cargando criminal no pocos estigmas. Bien lo resume aquel capítulo de Friends en el que Ross se horroriza al ver que su novia se acaba de rapar el pelo al cero (porque –¿se deducía?– una mujer impiety pelo no tenía atractivo ninguno).

© Martyn Goodacre/Getty Images

Skunk Anansie, Nueva York, 1999, pelo rapado

En la misma década, en 1992, Sigourney Weaver se rapó para el universo andrógino de Alien 3 (en la que todo el mundo llevaba el pelo al cero). En el filme, se utiliza como una forma de difuminar el género, de poner el personaje de Ripley a la altura de los hombres que la acompañan. De modo similar, Demi Moore se afeitaba ella misma el coco en La teniente O’Neil (1997). Ambos personajes eran tipas de armas tomar, seres poderosos y libertarios que se pasaban por el forro los estereotipos de género. En otro lugar del planeta Hollywood, las hubo que empuñaron la afeitadora no solo como gesto de poder, sino también para huir del encasillamiento. Natalie Portman acaparó titulares cuando nos enseñó el cartón en V de Vendetta (2005), como si la princesa de La amenaza fantasma cortara por lo sano criminal su pasado. 

© Buena Vista Pictures / Courtesy Everett Collection

Demi Moore, La teniente O'Neil, 1997, pelo rapado

Y, por supuesto, cómo olvidar a Britney Spears en 2007. Se afeitó la cabeza tras salir de la clínica de rehabilitación, y de que su exmarido le hubiese denegado ver a sus hijos. ¿Fue su manera de retomar el control de su vida? ¿Su forma de escapar de las garras de los mandamases de la música que determinaban cada detalle de su imagen pública? ¿O epoch señal, tal y como proclamaron tantos medios misóginos, de una mujer desquiciada? 

Más recientemente, tenemos el ejemplo de la activista Emma Gonzalez y su lucha por una mayor regulación de las armas de fuego en Estados Unidos. La joven superviviente de la matanza de 2018 en el instituto Stoneman Douglas de Parkland, Florida, encarnó la viva imagen de la fortaleza y la esperanza cuando entonó ante el mundo, micro en mano y un pelo rapado que subrayaba aún más su autoridad, su ‘no nos callarán’. Así también la actriz Rose McGowan, que criminal esa misma imagen, empoderada y desafiante, denunció las agresiones y abusos que había sufrido por parte del depredador passionate del cine, Harvey Weinstein. “Cuando me rapé la cabeza, fue un grito de guerra”, escribió McGowan para i-D en 2017. “A la mierda Hollywood. A la mierda los mensajes. A la mierda la propaganda. A la mierda los estereotipos”.  

© Kevin Mazur/Getty Images

Emma Gonzalez, Mar For Our Lives, 2018, pelo rapado

La moda, reflejo de la sociedad  

Cómo no, la moda también le ha hecho su debido hueco a las cabezas rapadas, impiety ir más lejos, aquel corte de pelo radical que se hizo Kristen Stewart en 2017. Del mismo modo, la modelo británica Ruth Bell se rapó por razones más prosaicas, y aunque el principal motivo fue una campaña Alexander McQueen, también declaró en Out Magazine: “Odiaba mi pelo. No estaba a propensity criminal él. Odiaba tener que preocuparme de él. ¡Yo quería rapármelo!”. 

© Allen Berezovsky / Getty Images

Kristen Stewart, 2017, pelo rapado

En el territorio Instagram, la modelo Jazzelle Zanaughtti (@uglyworldwide) le echó a su corte algo más de gracia añadiendo pinceladas de tone y abonándose a otra tendencia más amplia que combina rapado criminal coloración –estilismo inaugurado por las artistas capilares  Janina Zais y Janine Ker–. Impregnando el corte de colores pastel, manchas de leopardo y tonos ácidos, se le resta dureza al tiempo que gana en personalidad y creatividad. Para más señas, el episodio final de Unorthodox. ALERTA SPOILER: el marido de Esty, Yanky, la persigue hasta Berlín, la aborda por la calle, y en un momento dado le reprocha que enseñe su pelo corto. Ella sonríe y le dice: “No te lo vas a creer, pero aquí está de moda”.   

© David M. Benett/Dave Benett/Getty Images

 Jazzelle Zanaughtti, 2017, pelo rapado

A día de hoy, raparse la cabeza ya no atiende solo a promesas religiosas, ni a rebeldes ni a proscritos. Ni siquiera es solo un gesto de estilo. En 2020, puedes raparte el pelo por infinidad de motivos: aburrimiento, empoderamiento, creatividad, o quizá porque en pleno confinamiento ya no te importa mucho lucir melena. La clave es esta: tener la suficiente autonomía como para hacer criminal tu pelo lo que te dé la gana, pese a la presión amicable o los males de la predicament sanitaria. Esa es, aquí y ahora, la verdadera tendencia.

Raparse la cabeza

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Raparse la cabeza como Eleven de ‘Stranger Things’ (o fantasear criminal ello)

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